El Instituto para la Protección de la Familia entrevista a nuestra Presidenta de Honor sobre la “cultura financiera de las mujeres”

El Instituto para la Protección de la Familia entrevista a nuestra Presidenta de Honor sobre la “cultura financiera de las mujeres”

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“La mayor parte de las mujeres tenemos un problema emocional con el dinero”

Entrevista a Eva Levy en Instituto para la proteccion familiar [leer artículo original]

Eva Levy, Socia Directora de Eva Levy & Partners y Senior Advisor de Atos, nos da su visión sobre la situación de la mujer en la sociedad española y el papel que desempeña como protectora de la economía familiar.

Eva LevyEva Levy nos da su particular visión sobre la situación de la mujer en la sociedad española y el papel que desempeña como protectora de la economía familiar; aborda sin tapujos la relación que tienen las mujeres con el dinero, las barreras que muchas veces se marcan ellas mismas en este ámbito y transmite la fuerza para desearle a todas ellas que se hagan con los mandos y se marquen metas ambiciosas. Una entrevista cargada de energía y sentido común. Gracias Eva. Empezamos.

P.- De los datos de los estudios realizados recientemente por el Instituto para la Protección Familiar se desprende que entre las principales preocupaciones de las españolas se encuentra el trabajo, inquietud que apuntan el 47,2% de las mujeres, frente al 36,9% de los hombres. ¿Considera que hay una razón para que las mujeres estén más preocupadas por el trabajo que los hombres?

R.- ¿Por qué el trabajo femenino es más vulnerable que el masculino? Llevamos ya muchas décadas de plena incorporación al mundo laboral. Nuestra preparación es igual y hasta superior a la de los hombres, si nos centramos en el número de tituladas superiores. Pero no parecemos percibir el mundo del trabajo como un lugar propio, sino que aún actuamos como si fuese un “privilegio” acceder al empleo. Seguimos pidiendo permiso para entrar en nuestro propio territorio. Parte de esa inseguridad nace de la falta de apoyo en materia familiar, por ejemplo, que en muchos casos nos obliga a pactar a la baja con la situación. Siendo tantas las afectadas y tan transversal el problema no deja de asombrarme que nos resignemos, en lugar de unir fuerzas y poner sobre la mesa problemas que son de todos, de toda la sociedad, como es la atención a los niños (¿nos extraña el invierno demográfico?), a los dependientes, el peso de las tareas de la casa, etc. Pienso que cada vez más hombres participarían de estas demandas, porque las ven justas y, por decirlo cínicamente, porque en España el ritmo de separaciones se ha incrementado un 226% en los últimos veinte años. Son muchos los padres que quieren la custodia compartida, así también tendrían que poner en riesgo sus carreras si las cosas no se estructuran de otra manera.

Pero las mujeres también tenemos que pensar en nuestra actitud. He leído estos días una frase de Churchill que relacionaba el éxito más con la actitud que con la aptitud. Seguridad, ambición y estrategia son necesarias en cualquier nivel, no solo para alcanzar la cumbre de una empresa. Y solidaridad para unir fuerzas y luchar por esos objetivos concretos que nos faciliten la vida a todos. Yo tengo la experiencia, por ejemplo en grandes compañías preocupadas por el bienestar de la plantilla, que desconocen demandas de las mujeres porque estas no las plantean. Por otra parte, las mujeres deberíamos ampliar nuestros horizontes profesionales y revisar los sectores que elegimos tradicionalmente. No se trata de traicionar una vocación, sino elegir opciones más arriesgadas pero donde resultaríamos más empleables, con más futuro y con más remuneración a medio o largo plazo. Aunque ideas como las de esas empresas tecnológicas que ofrecían la congelación de óvulos como un gran avance para las carreras de sus empleadas suponen un jarro de agua fría sobre la comprensión global de la persona. Esperemos que solo sea una anécdota y que no marque tendencia, porque somos personas a tiempo completo, con nuestra dimensión profesional, familiar, amistosa, viajera, filatélica…

P.-En el Libro Blanco se constató que el 83% de las mujeres desconoce la prestación social que recibiría su familia en caso de muerte o invalidez de la persona que aporta la mayor parte de los ingresos al hogar (frente al 75,6% de los hombres). ¿A qué cree que se debe esa falta de conocimientos sobre este ámbito?

R.- La mayor parte de las mujeres tenemos un problema emocional con el dinero y hay algunos estudios sobre ello. Alguna vez he dicho en broma que no es una casualidad que los hombres lleven la cartera pegada al corazón y las mujeres en un accesorio colgado del brazo. Por muchas razones, aunque creemos en la independencia económica, todavía no acabamos de comprender que esta consiste, no en ganar dinero, sino en controlar y decidir lo que hacemos con nuestros ingresos y cómo los rentabilizamos en el presente y en el futuro, tanto si estamos solas como si tenemos una familia. Estamos preparadas –hablo en general- para ganarnos la vida y animamos a nuestras hijas en este sentido, pero los hechos demuestran que una cosa es obtener un sueldo y otra enfrentarnos a la distribución de nuestros ingresos de acuerdo con nuestras necesidades. Las nuestras. ¿Qué pasará si enfermo? ¿Qué pasará con mi pensión? ¿Con qué cuento? Un hombre lo hace y no es egoísta, sino responsable, porque hasta ahora de esas respuestas dependía la suerte de su familia. La mujer tiene que ser objetiva en ese sentido y no ponerse una venda en los ojos. ¿Qué pasaría si me separo? Si mi marido/pareja fallece recibiré menos de la mitad de lo que ingresaba mi hogar hasta ahora, ¿con qué cuento yo? ¿Qué protección tendrían mis hijos? ¿Cuál es nuestro nivel de deudas? ¿Con qué las cubriríamos? . Ellos, como decía, no tienen problemas para abordar estos asuntos. Casi el 52% de los hombres intenta consolidar algún ahorro para la jubilación, al margen de la pensión pública, y no siente la necesidad de justificarse. En algún estudio británico leí que, desde muy jóvenes y por poco que ganen, los chicos ahorran más que las chicas, lo que significa que piensan en el futuro, aunque ese futuro sea comprarse una moto, pero adquieren un hábito.

P.- Los mismos estudios revelan que las mujeres se sienten menos capacitadas para tomar las decisiones más adecuadas para planificar el futuro económico de su familia -concretamente el 74,9% de las mujeres se consideran capacitadas para ello frente al 81,8% de los hombres-. ¿A qué cree que se debe esta diferencia y falta de confianza?, ¿qué haría falta para superar esta barrera?

R.- Estereotipos y más estereotipos que hemos interiorizado y seguimos propagando nosotras mismas. De todas formas, esas dudas son las mismas que llevan a las chicas a alejarse de las matemáticas, la informática, etc. Aunque sus resultados sean tan buenos como los de sus compañeros, la idea de que los números son poco femeninos porque las mujeres no tienen mente para ello, suelen pesar tanto que se sienten más torpes y actúan en consecuencia, con lo que pierden los puestos mejor pagados, en lo profesional, pero también quedan en posición frágil en el aspecto privado.

En los últimos tiempos asistimos a críticas durísimas contra mujeres relevantes que al parecer ignoraban los manejos económicos de sus maridos. No entraré en el asunto, pero estoy segura de que no soy la única que tiene amigas o conocidas que tampoco saben gran cosa de lo que se cuece financieramente en su familia. ¿Exceso de confianza en la pareja? ¿Comodidad? ¿Cobardía? Para muchas mujeres hablar de dinero en casa implica enfrentarse a roles, realidades antipáticas… La hora de la verdad llega con un sobresalto judicial –como en estos casos-, pero también ante el divorcio, la viudedad… Tenemos que acostumbrarnos a preguntar, a no quedarnos satisfechos con una respuesta que no comprendamos y eso empieza en la propia escuela.

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